Brenda Arcuri

VENÍ.

Vení, sentate al lado mío, volame la cabeza un ratito más. Enseñame eso que nunca me enseñaron, demostrame el significado de la palabra amor o, por lo menos, jugá a que me crea el rol del sentimiento por un lapso que no termine nunca jamás. 

Hacete un bailecito, haceme olvidar este mundo de a poquito que la cabeza me arde de tanto arañar los recuerdos y ponerlos en un pedestal. Vení, roza mi vida con los dedos de tus manos, dejame creer y caer a mitad de camino. 

 Sacudime el destino que bastante cansada estoy siempre del mismo cuento chino. Apurate, se va la carroza, y la princesa ya está cansada de la misma prosa con distintos personajes. 

Apuñalame el corazón y abrazame por la espalda ¿qué esperas? El tiempo se derrite, el tiempo derrite al mismo tiempo, y en el proceso, me derrite a mí mismo.

 ¿Qué pensás? Retrocedé en tu mente y hacé crecer el largo de tus pasos, que mi alma está en juego y yo no sé muy bien jugar. 

Largá la carcajada y haceme viajar, no sé trasladarme sola, caminando me ahogo en un bar.

 Permitite hallar, la charlita sobre Dr Holmes ya me aburrió. Descubrí mis huellas, tengo las heridas tatuadas a flor de piel y las cicatrices derivadas de ellas. 

Acobardate un poco, calmame las ansias y vayamos a aquel lugar donde las penas pasadas, con nuestros amuletos, no se atrevan a cargar.

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