Brenda Arcuri

Enorme apartado.

Escrito por BrendaArcuri 11-09-2018 en Amor. Comentarios (0)

Y cuando me ponía a analizar, sabía que había vivido un dulce apartado, que había dejado en mí una suerte de transformadora secuela.

Sabía que mi alma se encontraba distinta, que había cambiado (mutado), que mi corazón se había curado y acelerado con sólo observar el rostro de esa sonrisa, la contextura de cada caricia y los sentimientos que impulsaban cada movimiento.

Sabía que aquel latido proveniente del interior, antes, no lo había presenciado, que una alarma en mí se había encendido alertando un posible razonamiento incendiado.

Me había noqueado, no había durado más que un par de días arriba del round antes de recibir esa trompada en el medio del órgano que tan cubierto de hielo estaba.

No lo había sentido antes, estaba segura, a su sencillez coronaba la luna, y las carcajadas siguientes mataron mi enorme herradura.

Me derretía (lo negaba) pero cada centímetro de su personalidad más me atrapaba. No podía rechazar tan sólo un minuto de su sentido del humor, y mucho menos su capacidad de empatizar con todo aquel que lo necesitase. Me había robado el alma, lo presentía, me encontré en un laberinto del que ya no quería salir, me había fascinado y armar cada pieza del rompecabezas me estaba encantando.

Así se sentía, pensaba yo, aquel cuentito de hadas en el que la mera utopía de sentir amor, era una realidad sin equivocación en que toda madurez llevaba a construir un enorme eslabón.


Me gusta.

Escrito por BrendaArcuri 11-09-2018 en Serenidad. Comentarios (0)

Me gusta la sencillez de verte tranquilo, de sentirte sereno apostando a más no poder.

Me gusta la calma de cada latido, la sonrisa bien puesta antes del amanecer; los parches en la vida bien ajustados y la torpeza del buen parecer.

Me gusta la magia de cada recorrido, cada paso dado con austeridad y la visión bien cuesta arriba para que ninguna rampa pueda corromper el diseño fugaz de aquel anochecer.

Me gusta el silencio de todo buen observador y los escalones subidos de manera tan sigilosa como buen cazador.

Me gusta la palabra callada por la boca y gritada por la mirada; los labios opacados y los movimientos calculados.

Me gusta la tuerca mal ajustada que te permite vivir el día a día, los sueños muy soñados y la realidad muy activa.

Me gusta la similitud con que tratas tanta maraña en mi cerebro analógicamente con tu ruleta rusa favorita.

Me gusta el estallido de ese gran farol dentro tuyo que se enciende cada vez que te arriesgas, cada vez que con tu trabajo encandilas.

Me gusta tu camino desandado y tus destinos afilados de tanto recorrer. Me gusta el traspaso que le diste a los puentes que tanto desafiaron y van a desaparecer.


Hace tiempo.

Escrito por BrendaArcuri 11-09-2018 en Desamor. Comentarios (0)

Hace tiempo que no soy, que no estoy, que con vos no me voy. Hace tiempo que me alejé, que me di cuenta que con vos no me representé, que por quererte me fallé.

Hace tiempo que no te pienso, que en las noches no te pido, no te espero, a esta historia ya no le doy comienzo.

Hace tiempo que me fui de ese lugar, hace tiempo que te saqué de mi dulce gran altar y descubrí que en esos ojos llenos de rabia y miedo no me pierdo, ya no más.

Hace tiempo que establecí mis propias reglas de juego y hace tiempo aludí a descifrar mis escondidos criterios para borrarte de mí, para borrarme de vos.

Hace tiempo que supe que por acá no, que por ahí no era, me gritaba que, aunque me matase por dentro, a vos no volviera.

Hace tiempo que la marca ya no duele, no corta, no profundiza. Hace tiempo que tu fugaz recuerdo se hizo trizas y en el viento se fugó tu sonrisa.

Hace tiempo que mi reloj en vos no se disuelve, que mi premisa no te absuelve y mi tic tac, con tu visita, no se resuelve.

Hace tiempo que mis proyectos a tu lado no prosperaron, que la voz de tu conciencia se hizo a un lado y la manera en que me pensás se convirtió en un lago.

Hace tiempo ya no espero y hace tiempo que me quiero, no es casualidad que hace tiempo que no me desespero.


Monopolio de hielo.

Escrito por BrendaArcuri 11-09-2018 en Monopolio. Comentarios (0)

Monopolio de una sonrisa llena de rabia, te hiciste la fama de un crecimiento sin vertiente. Lloraste ríos azuladamente interminables con la esperanza de poder derrapar, algún día, en un par de ojos azules que calmaran tanto falso esplendor.

Propietario de una risa de ratas, comidos los restos de tanta ceguedad, te atormentan los secuestros de todos los recuerdos que no supiste celebrar.

Garante de toda sed de gloria, quedaste a medio camino por tanto miedo a no saber correr. Gritaste alaridos silenciados que en el nunca jamás se escucharon por parte de una suerte de sordos.

Patinaste en hielos sin cobertura, olvidaste lo imprescindible que se habían hecho las ataduras. Clamaste un desentierro fugaz de un disfraz que muy chico te quedó.

Carente de toda libertad manual, escupiste relatos sin voluntad que te llevaron al mismísimo infierno. La mediocridad fue tu guía, y tu destino; un desierto inmenso donde depositar todos los benditos intentos que nunca utilizaste por miedo a fallar.

Portador de fichas sin uso, jugador compulsivo de un juego obsoleto inventado por vos. Ganador de todas las estafas, especialmente las referidas a los sentimientos de tu mismo corazón.

Pateador de toda bola que lleve en su legajo la palabra 'amor'. Triturador de esperanzas, manteniendo la propia en el techo de todo pedestal. ¿Quién va a salvarte, dulce impostor, cuándo el frío queme y los pedazos de aquella alma que juraste construir, se despedacen a tu alrededor?


Cortometraje

Escrito por BrendaArcuri 11-09-2018 en Desamor. Comentarios (0)

De forma consciente puedo establecer que fue de esos amores sin principio ni final, sin mayúsculas ni puntos apartes. De esos en los que la intriga del qué pasará no se resuelve en la trama, y la resolución de los conflictos es tan abierta como el mero desenvolvimiento.

Se prestaba todo a la imaginación, nada de lo ocurrido estaba explícito. Una historia que culminó cuando empezó, un enamoramiento fugaz que vio su límite en los pensamientos individuales de los protagonistas.

Era un cortometraje con sucesos explícitos sólo en la retina de los personajes. Nada estaba dicho, todo era incierto. Las luces se prendían y apagaban sin dejar destello alguno. Las pupilas de ambos se enfrentaban y sabían de su cuento, pero en un segundo de instante, se cerraba el desenvolvimiento.

No accionaban ni paraban, no corrían ni caminaban. Se limitaban a estar ahí, en la presencia de una ausencia que asfixiaba, pero no mataba, no sangraba, no concluía.

Deletreaban en silencio sus nombres, pero se trababan en el preciso instante en que titubeaban un "y" entre los bordes de sus designaciones como pasadizo a sus cornisas.

Raspaba el filo de cada coma, les apuñalaba el alma la aparición de paréntesis infinitos declarando la falta de oraciones asertivas y la intensidad de expresiones referidas a emociones no vividas.

No vivieron. No sintieron. No se movieron. ¿Para qué? No era necesario repetir la vieja historia colmada de árboles con hojas que se caían en invierno cansadas de secarse en un verano sin sol.